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Un poco de Historia

Finalizada la Segunda Guerra Mundial se consiguió reducir de forma notoria el impacto de la malaria en el mundo y especialmente en el continente africano.

La fórmula del éxito fue el control de la hembra del mosquito que transmite la enfermedad (mosquito Anopheles) con el uso del DDT, un insecticida altamente eficiente. Además, mediante el uso de derivados sintéticos de la quinina se curó a millones de personas de forma eficiente.

En 1961, la malaria reportaba 100.000 casos y tan solo 16 años después la cifra alcanzada superó los 30 millones de personas. Este incremento de casos de malaria en todo el mundo fue causado por la aparición de resistencia al insecticida DDT por parte del mosquito y resistencia a los medicamentos utilizados por parte del parásito.

La malaria se convirtió en la enfermedad más devastadora de todo el trópico con más de 2,7 millones de muertes anuales y 300 millones de casos. Hay que subrayar que el 80% de los casos detectados se desarrollaban en África. La ausencia de un tratamiento eficaz frente a los protozoos productores de la malaria y, en especial, frente a P. falciparum, agente etiológico de la forma más virulenta de la malaria, fue un gran problema durante décadas. La gravedad de la malaria se hizo patente a nivel mundial durante la guerra de Vietnam.

La guerra de Vietnam, también llamada segunda guerra de Indochina, fue un conflicto bélico librado entre 1955 y 1975 para impedir la reunificación de Vietnam bajo un gobierno comunista. En ella participó Vietnam del sur (la República de Vietnam), la cual, con el apoyo de los Estados Unidos y naciones aliadas, luchaba por evitar la implantación de un régimen comunista en Vietnam, contra la guerrilla local del Frente Nacional de Liberación de Vietnam (Viet Cong) y Vietnam del norte (Ejercito de la República democrática de Vietnam), respaldado por la Unión Soviética y China. En ambos bandos la malaria producía más bajas que por la guerra per se. Vietnam del Sur pidió ayuda a su aliado norteamericano, el cual destinó una generosa partida económica al Walter Reed Army Institute of Research y se implicó en la búsqueda de nuevos medicamentos contra la malaria (paludismo). Sus trabajos condujeron a la síntesis de mefloquina, más conocido por su nombre registrado, Lariam®.

Mefloquina es un potente medicamento antipalúdico, pero no está exento de graves inconvenientes, incluyendo pesadillas y cuadros paranoia. En el año 2003, docenas de soldados norteamericanos contrajeron malaria durante su intervención en la Guerra de Liberia, pero rehusaron ser tratados con mefloquina debido a experiencias previas en las que varios soldados que regresaron de Afganistán en el año 2002, que habían tomado el fármaco, asesinaron a sus esposas, circunstancia que se vinculó con alteraciones mentales desencadenadas por la toma del medicamento antipalúdico.

China comenzó oficialmente su programa de investigación para la obtención de medicamentos para controlar la malaria, tras una reunión el 23 de mayo de 1967, denominándose Proyecto 523 (por la fecha, mes 5, día 23).

Los científicos involucrados en el Proyecto 523 siguieron dos vías de investigación: un grupo estudió alrededor de 40000 sustancias químicas con potencial utilidad; otro grupo indagó en la medicina tradicional consultando entre los sanadores rurales acerca de los remedios que usaban para tratar la fiebre.

Una planta herbácea, qinghao aparecía mencionada en las esculturas funerarias del año 168 a.C. (según la datación occidental), con referencias en los manuscritos médicos de los siglos posteriores, entre ellos el «Libro de las Fiebres Estacionales» del año 1786 (según el Calendario Justiniano). Qinghao es el nombre común de Artemisia annua L. (una especie de ajenjo), una hierba de hojas puntiagudas y flores amarillas.  Artemisia annua también era mencionada entre las 52 prescripciones del Mawangdui de la Dinastía Han en el año 168 a.C. así como la Artemisia annua también se recomienda en el Manual de Prescripciones de Ge Heng en el año 341 d.C.

Ya en la década de 1950 los brotes epidémicos de malaria eran tratados en las regiones de China afectadas por las «fiebres estacionales», como se le denominaban, mediante un té elaborado con qinghao.

En el año 1970 se descubrió el principio activo, al que se denominó en principio qinghaosu, y ahora artemisinina (compuesto cuya fórmula molecular es C16H26O5, una lactona sesquiterpénica endoperóxida de la serie “cadinenos”). Los primeros ensayos fueron llevados a cabo en unos dos mil infectados de malaria, con espectaculares resultados: la artemisinina mataba al protozoo con una sorprendente rapidez.

Desde el descubrimiento de las potentes propiedades antimaláricas de la artemisinina y sus derivados, se ha estado trabajando para la síntesis orgánica a gran escala del principio activo, una vez conocida la estructura química de la molécula farmacológicamente activa de la planta. La primera síntesis total de la molécula se llevó a cabo en 1983: a partir de isopulegol, la artemisinina se obtuvo en 13 pasos con un rendimiento global del 5%. Desde entonces, varios equipos han llevado a cabo trabajos similares con diferentes vías para la síntesis de artemisinina, pero todos ellos requieren numerosos pasos y tienen un bajo rendimiento. La síntesis de artemisinina se ha demostrado que no es viable desde un punto de vista comercial. Ninguna de estas síntesis complejas proporciona un método viable para una producción a gran escala de la molécula de artemisinina. Por lo tanto, en la actualidad, su extracción de las plantas de Artemisia annua L. sigue siendo la única fuente de obtención del principio activo.

Requerimientos Ambientales

La planta crece de forma satisfactoria en zonas templadas, subtropicales y tropicales. También puede crecer en otras zonas mediante modificación genética.

Para la producción a gran escala de Artemisia annua el rango climático es un factor importante. Su origen se sitúa en las regiones templadas de China (40 ºN), en alturas de 1000 a 1500 m sobre el nivel del mar. La planta se desarrolla bien en latitudes tropicales, subtropicales y templadas, si se utilizan semillas seleccionadas para estas áreas. La mejora genética también ha permitido su cultivo en diversas condiciones climáticas.

A. annua es una planta de día corto con un periodo crítico de 13.5 h. Debido a esta característica no es interesante su cultivo en latitudes tropicales por la inducción prematura de la floración.

Los requerimientos ecológicos para la maximización de la producción de artemisinina, señalan como óptimas, las condiciones de clima templado y seco. Una temperatura de aire de entre 20 y 25 ºC, con un promedio anual de 13.5 y 17.5 ºC. Por ello se ha señalado como idóneo el clima tropical húmedo monzónico (temperatura promedio durante la fase de crecimiento de 17.6 a 28.4 ºC). Además, supliría las necesidades hídricas (entre 600 y 1000 mm) con las precipitaciones (de 1150 a 1350 mm).

A pesar de la amplia adaptación a diversas condiciones de cultivo de A. annua, no tolera suelos ácidos con pH inferior a 5.0 – 5.5. Además, presenta mejor crecimiento en suelos profundos y bien drenados.

Para la producción de aceite esencial el pH del suelo tiene una gran influencia. En experimentos realizados en la India en suelo con gran variación de pH, desde 4.9 a 9.9, el rendimiento en aceite esencial fue entre un 75 y 25% superior al de las plantas crecidas en un suelo con pH de 7.9 a 8.9, observándose que la producción de aceite esencial se ve favorecida por valores extremos de pH.

¿Qué es la Artemisia?

El género Artemisia pertenece a la familia botánica de Asteraceae que contiene alrededor de 23000 especies. Artemisia annua, comúnmente conocida como “ajenjo dulce” o “ajenjo chino”, es un arbusto perteneciente a la familia Asteraceae. Es una planta originaria de Asia, aunque también la podemos encontrar en países de Europa central y meridional, Estados Unidos y Canadá, entre otros. La podemos encontrar en diferentes tipos de hábitats y altitudes.

Más de 400 especies componen el género Artemisia, un conjunto de arbustos y hierbas entre los que destacan la Artemisia annua por su uso habitual en la medicina tradicional china.

Las provincias chinas de Chahar y Suiyua son la base de este cultivo cuyo uso tradicional se remonta a casi 2.000 años, como consta en el primer grabado fechado de la época. Podemos encontrarlo publicado en la Farmacopea de la República Popular China.

Si en sus orígenes se utilizaba para el tratamiento de enfermedades parasitarias como la malaria, también se emplean sus hojas secas para la extracción de artemisinina, que es uno de los principios activos que se utiliza para tratar la malaria. En este sentido hay que indicar que se también se ha utilizado para tratar diarreas infecciosas, fiebres y parásitos intestinales.

Dado que no es rentable la síntesis química de la artemisinina, el cultivo de Artemisia annua es la forma más viable para obtenerla.

A comienzos de los 80 en lugares del mundo como La Indica, Estados Unidos, Tasmania, Brasil, MAdagascar, Vietnam comenzaron los primeros cultivos de esta planta.

Cuba desarrolló años después la Estación Experimental de Plantas Medicinales donde el Dr. Juan Tomás Roig comenzó con sus primeras investigaciones.

Artemisia Annnua Labrum® es una versión mejorada y optimizada de la Artemisia annua. Nuestro equipo de científicos ha utilizado mejora genética clásica para mejorar las propiedades y características de la planta consiguiendo unos resultados realmente sorprendentes.

Descripción Botánica

Arbusto de la familia Asteraceae, antigua Compositae.

Alcanza alturas desde 30 a 250 cm dependiendo de la zona donde se cultive y de otros factores.

Arquitectura foliar en forma de torre, con tallos cilíndricos de 0,2 a 0,6 cm de diámetros y ramas de 30 a 80 cm de longitud que muestran hojas bipinnatífidas, glabras, con segmentos lineales y dentados, cubiertas de pelos glandulares densos por ambos lados.

La inflorescencia se ofrece en panoja terminal, con flores de la cabezuela pequeñas, de 2 a 3 mm, heterógama, de color amarillo típico, con brácteas anchas, globulares, acuminada.

Las flores del borde son femeninas, con corola 4 lobulada y las del centro hermafroditas, con corola 5 lobulada y con 5 estambres.

El fruto es un aquenio ovoide gris, con alrededor de 0,5 mm.

Las hojas y la inflorescencia presentan tricomas glandulares con alto contenido de aceite volátil, que le proporciona especial fragancia y sabor ligeramente amargo.

La Organización Mundial de la Salud publicó las Buenas Prácticas Agrícolas y de Recolección de Artemisia annua, en ella se indica que su periodo de desarrollo comprende entre 9 y 10 meses desde la siembra hasta la cosecha. Se estiman unos 100 días desde la emisión de botones florales hasta la fructificación, cuando la planta alcanza el estado de floración plena deja de crecer.

Distribución

La Artemisia Annua se encuentra en diversos países y zonas del planeta donde se ha introducido pero sobre todo en las zonas más templadas y tropicales.

Así hablamos de:

  • Europa: España, Hungría, Bulgaria, Rumania, Francia, Holanda y Suiza.
  • Asia: India, China, Vietnam, Tailandia, Burma, Malasia y Madagascar.
  • Oceanía: Australia
  • América del Norte: Estados Unidos.
  • Sudamérica: Argentina y Brasil.
  • África: Kenya, Uganda, Tanzania y República Democrática del Congo.

En la India se pueden encontrar pequeños campos experimentales, aunque para uso industrial principalmente es recolectada de zonas silvestres. Destacan como productores China y Vietnam.

Composición química

Artemisia annua es una de las plantas aromáticas con una composición química más variada. Es al cuarta planta con mayor capacidad antioxidante. Se han identificado 53 flavonoides en esta planta. Los polifenoles de Artemisia annua se dividen en cumarinas, flavonas, flavonoides, ácidos fenólicos y un grupo de compuestos diversos que no encaja en la estructura de los otros cuatro (figura).

Los compuestos mayoritarios en Artemisia annua son quercetín-3- glucósido, flaviolin, rhamnetin, crisofenol D y pilloin.  

La evaluación de los diferentes tejidos de Artemisia annua para su contenido nutricional y potencial antioxidante demostró que las hojas y las inflorescencias tienen el mayor porcentaje en proteínas, grasa cruda, pero los niveles más bajos de fibras. Estos tejidos también contienen la composición más alta de los elementos minerales principales. Sus relativamente altos niveles de aminoácidos y vitaminas reflejan igualmente un deseable equilibrio nutricional que se suma a sus altas capacidades antioxidantes. En conjunto, estos altos niveles de los diferentes constituyentes nutricionales y las actividades antioxidantes se combinan con los niveles muy bajos y, a menudo, despreciables de factores antinutritivos inherentes, especialmente en las hojas. Este potencial nutricional podría ser empleado como complemento alimentario tanto para humanos como para la alimentación animal.

Producción de Aceite

Artemisia annua produce un aceite esencial con aroma dulce, herboso, fresco y amargo. Su aceite presenta cualidades antibacterianas. Además, es usado en perfumería y cosmética.

Entrevista Radio

Actividad antioxidante de los flavonoides  

Los compuestos antioxidantes pueden retrasar o inhibir la oxidación de lípidos y otras moléculas al impedir la iniciación o propagación de las reacciones oxidativas en cadena. Está aceptado que una dieta rica en flavonoides está inversamente correlacionada con la peroxidación lipídica, el envejecimiento celular, cáncer, etc. Sin embargo, no está esclarecido el mecanismo de acción de los flavonoides… ¿en qué rutas metabólicas o procesos están implicados los diferentes flavonoides?.

Es importante diferenciar entre capacidad antioxidante y actividad biológica, la capacidad antioxidante es el potencial de neutralización de compuestos oxidativos, determinado in vitro; la actividad biológica es el efecto de ese metabolito en el organismo, este efecto puede ser directo o vía activación de rutas metabólicas. Además, la mayoría de flavonoides procedentes de alimentos están glicosilados, lo que disminuye su biodisponibilidad. También hay que tener en cuenta que la actividad antioxidante es inherente del flavonoide, aunque durante mucho tiempo se ha considerado que está muy correlacionada con los efectos sobre la salud, se ha observado que no tiene tanta correspondencia con los efectos finales.

Cada vez es mayor la evidencia de que el efecto protector de los flavonoides frente al daño oxidativo no está mediado por captura directa de radicales libres (agentes causantes del daño oxidativo). Un ejemplo de ello sería el incremento de los niveles intracelulares de glutatión (el antioxidante más potente que produce nuestro organismo) mediante la inducción de la transcripción del enzima gamma- glutamilcisteina sintasa, la cual se induciría incluso a una baja concentración del flavonoide. Ejemplos de flavonoides que median este proceso son quercetina, kaempferol y apigenina; sin embargo, miricetina, que es el flavonoide con mayor potencial antioxidante, no es inductor transcripcional (es decir, no promueve la síntesis de glutatión). Si se produce de forma prolongada, el leve estrés oxidativo inducido por los flavonoides podría incrementar los niveles basales de defensa, actuando como preventor o reductor del estrés oxidativo cuando se produce la enfermedad. No obstante, la medida de la actividad antioxidante de productos naturales in vitro todavía es útil porque indica la presencia de polifenoles, los test in vivo que involucran farmacocinética o los test ex vivo que implican sistemas modelo relacionados con los humanos (como el cerdo) deben ser usados para entender la respuesta biológica final.

Entrevista TV

Medios que hablan de nosotros…